Por: David Joaniquina Uribe

Ex jugador y entrenador de fútbol

En Oruro y Bolivia es conocida la pasión por San José, un club plagado de historias, un club atestado de ovaciones que recibe de su pueblo.

San José está asociado con lo popular y pobre, es el equipo del pueblo, de los mineros, obreros y clases medias.

Esta atracción se masifica con una hinchada atraída con el jugador que defiende la camiseta sin importar el nombre o su pasado en el fútbol.

La aureola que rodea a San José, va más allá de la objetividad y gran parte de ella la forma el vínculo que une al club con sus aficionados y que se refleja antes de cada partido.

Es desesperante y triste ver a una institución tan grande como San José sumido en la más agobiosa depresión que afecta a este glorioso club.

Con algunas excepciones, despreciables dirigentes desde hace décadas se han dedicado a descalabrar toda su economía.

Con una crisis estructural, en este momento difícil una parte del periodismo deportivo avala a José Sánchez al frente de la refundación o reestructuración del club.

Todos sabemos que las opiniones actúan sobre el prestigio de la gente, son pocos los periodistas que renuncian a la primicia por lealtad.

José Sánchez sabe exactamente que el poder del fútbol incita, suscita y produce. Este concepto manejan los políticos.

Este señor acaricia al fútbol solo para promocionar su nombre, fracasó como político y dirigente deportivo y hoy vuelve a incursionar como presidente sin ser elegido en un proceso electoral.

San José requiere de un presidente visionario con conocimientos de fútbol, con capacidad para captar y evangelizar nuevos dirigentes y no ver al fútbol como instrumento de poder económico y político, estropeando ilusiones al crear y vender expectativas.

La mística, la identidad y continuidad de las batallas épicas de San José están a punto de perderse.

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